Una vez más Venezuela se ha sumido en una crisis política e institucional tras la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de inhabilitar a la candidata opositora, María Corina Machado, clara favorita para las elecciones presidenciales en el país sudamericano.

Machado anunció ayer su intención de mantener su campaña y su candidatura a pesar de la inhabilitación dictada y ha acusado al Gobierno del presidente Nicolás Maduro de incumplir el Acuerdo de Barbados en el que se comprometió a elecciones libres a cambio de que Estados Unidos levantara parte de las sanciones que pesan contra ese gobierno. Pero como es habitual en regimenes como los de Cuba, Venezuela o Nicaragua, todo parece haber sido una forma de lograr sus objetivos con falsos diálogos y acuerdos que luego no respetan.

La dictadura venezolana seguirá bajo control de todo sin permitir candidaturas opositoras ni medios de prensa independientes y prolongando una crisis política de la que siempre buscan sacar ganancias. Todo esa ambición de poder ha provocado un éxodo masivo de venezolanos que incluso vemos caminando por las calles de San Salvador.

No se puede confiar en gobernantes como los de Venezuela, Cuba o Nicaragua, no tienen ninguna convicción democrática y no van a dejar el poder por la buena. Lo que Maduro ha hecho es una réplica de lo que Daniel Ortega hizo en 2021 y solo falta que encarcele a Machado para repetir el cinismo de elecciones con sus rivales presos. Por eso los venezolanos, cubanos y nicaragüenses están siempre entre los países donde más gente huye, porque ya no hay esperanza de cambio pacífico. Son naciones que no pueden ni deben ser modelo para nadie que se precie de decente.