Lucranianos vieron invadido su país hace dos años por parte del ejército ruso de Vladimir Putin y desde entonces han sufrido ataques indiscriminados y brutales que han obligado a desplazarse a más de 14 millones de personas.

A diario vemos imágenes de edificios destruidos por bombardeos rusos. Hasta noviembre de 2023 el recuento de víctimas civiles ucranianas sumaba más de 10.000 muertos -500 niños- y cerca de 19.000 heridos -más de 1.600 niños-, según el último informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR). Más del 87% de los muertos, son víctimas de armas explosivas, y muchas de las heridas son de carácter mortal, como la pérdida de miembros o de la vista.

La invasión rusa es injustificable y la brutalidad de sus ataques es tan grave como la ola de desinformación que han generado por todo el mundo acusando a los ucranianos de “nazis”, un absurdo histórico tomando en cuenta que el propio presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, es un judío.

En este momento, el 18% del territorio ucraniano sigue ocupado por Rusia y pese al apoyo internacional, los rusos siguen sus ataques indiscriminados.

La guerra en Ucrania no solo ha afectado a los ucranianos, sino a todo el mundo. Rusia también ha atacado los campos de cereales y los embarques de cereales ucranianos, afectando el suministro mundial de alimentos y provocando un incremento de los mismos, de manera que la invasión rusa ha traído consecuencias por todo el mundo. Esperemos que esa invasión termine pronto y deje de ser un foco de inestabilidad en el complejo mundo de hoy.