Javier Milei conquistó a los argentinos con la promesa de acabar con la casta política peronista y corrupta que ha gobernado el país en gran parte del siglo XX y XXI. Sus promesas de recortar el Estado, dolarizar la economía y acabar con la corrupción.

Pero pasados los discursos histriónicos de campaña, Milei ha escondido la motosierra y ha empezado a moderar su enfoque y algunos han llegado a preguntarse si logrará dolarizar la economía, reducir el número de ministerios o cerrar el Banco Central como había prometido.

Y es que la realidad que le tocará enfrentar a Milei, que se define como un libertario y anarco-capitalista, es una enorme cuesta arriba. Milei, que tiene un feroz discurso anticomunista, conquistó a los argentinos hartos de la crisis infinita pero ahora tiene que mostrar soluciones y no graduales como equivocadamente lo hizo Mauricio Macri, el único gobernante no peronista en las últimas décadas.

Los argentinos esperan una mejora económica urgente y Milei ha hablado de 18 meses para acabar con la hiperinflación y completar la dolarización. ¿Será suficiente ese tiempo? Además, muchos economistas cuestionan si Argentina tiene suficientes dólares para aplicar esta medida.

Argentina es compleja, difícil de entender. El peronismo ha convertido al estado en una especie de ogro filantrópico que ha convertido a los argentinos en dependientes del mismo con todas sus implicaciones. La propuesta de Milei de reducir el Estado, por ejemplo, implicará el despido masivo de empleados, fruto del tradicional clientelismo político peronista.

De ahí que las expectativas de un país que vive de sus viejas glorias económicas y de demasiados subsidios, son muy elevadas y la paciencia de los argentinos es muy limitada. Por eso Milei la tiene cuesta arriba.