En el caso de adultos, una irresponsabilidad total. La mayoría de los incidentes se notificaron en hombres con 176 casos frente 38 mujeres, siendo el área urbana, con la mayor cantidad de casos.
En el caso de menores de edad, se trata de una negligencia total de padres de familia que le dan la pólvora a los menores mientras se emborrachan durante las fiestas. No puede ser. Y aunque existen –teóricamente– fuertes sanciones de ley, aprobadas hace cuatro años por la Asamblea Legislativa, no se conoce de ningún procesado al respecto.
La ley sanciona hasta con tres años de cárcel a los padres o tutores cuyos hijos menores resulten quemados con pólvora y también se sanciona con multas y se supone que hay un comité interinstitucional que vela al respecto, pero insistimos, todo queda en papel.
No hay cohete bueno. Los morteros provocaron quemaduras en 109 de las víctimas, los cohetillos y los volcancitos con 14, respectivamente y por el uso de silbadores se notificó de 13 lesionados, siendo este último catalogado como pólvora prohibida.
Durante años se ha discutido la posibilidad incluso de prohibir los juegos pirotécnicos pero solo queda en discursos y buenas intenciones, pero luego se olvida de eso conforme se acercan las fiestas y la tradición del uso de pirotécnicos vuelve a las calles.