Prácticamente estamos sobre los rieles de la nueva campaña electoral que esta vez culminará con elecciones en combo en febrero y marzo del próximo año: presidenciales, legislativas, municipales y del Parlamento Centroamericano.

Evidentemente habrá polémicas, denuncias, banderas, imágenes cargadas de photoshop de los candidatos, promesas de todo tipo y por supuesto la apelación emocional a los votantes. Pero lo que la ciudadanía espera con mucha seriedad son propuestas sólidas sobre cómo se desarrollará el futuro del país y una campaña sin violencia.

La clase política se debe preocupar por un nivel de debate y discusión con argumentos y propuestas y la ciudadanía debe exigirlo. Si no lo hacemos, una vez más estaremos desperdiciando la oportunidad de elegir correctamente.

Hay que que evitar expresiones de bajeza que afecten a las personas y a sus familias, víctimas indirectas de las mismas. Hay que tener el mínimo respeto hacia la dignidad de las personas, más allá de que se piense diferente, uno combate ideas no personas.

También los magistrados del Tribunal Supremo Electoral deben ser proactivos y entender que cada declaración que hagan puede generar confianza o desconfianza, de ahí la necesidad de actuar con responsabilidad y sensatez. Deben explicar cada paso del proceso, cada decisión, para que la población entienda con claridad que el proceso es transparente y tendremos elecciones justas y limpias.

Lo demás está en manos de la ciudadanía: saber elegir a nuestros próximos gobernantes con sensatez, pensando en nuestro futuro y el de nuestros hijos.