El golpe de Estado fue consecuencia de una serie de cuestionadas elecciones en la que dos gobiernos militares resultaron electos bajo señalamientos de fraude en 1972 y 1977. La llamada “juventud militar” con algunos salvadoreños preocupados por el rumbo del país dieron el golpe que solo parece haber puesto el pie en el acelerador para que la situación del país se deteriora.
Tras el golpe vinieron varias “juntas de gobierno” cívico-militares que promovieron políticas muy criticadas de las que aún hoy se pagan las consecuencias, como la reforma agraria que prácticamente fue el inicio de la destrucción de la producción agropecuaria del país. Pero también hay que recordar que durante esas juntas ocurrieron horrendos crímenes que nunca se castigaron como el magnicidio del hoy santo arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero y que solo apresuró el conflicto armado hasta alcanzar su máxima locura en toda la década de los años 80.
El país jamás debe tener una guerra civil que tantas pérdidas humanas y materiales nos causó y además causó la migración de millones de compatriotas que tuvieron que huir para salvar sus vidas o buscar cómo construirlas en lugares donde encontraron prosperidad y paz.
Y sobre todo, El Salvador nunca más debe sufrir un golpe militar y la Fuerza Armada no debe volver a tener jamás un protagonismo político que solo corresponde a los civiles.