Lo cierto es que después de la pandemia, la región está abrumada por una ola migratoria que empieza en la Selva del Darién -entre Panamá y Colombia- sigue por Costa Rica y Nicaragua, cruza Honduras y Guatemala y luego se acumula en México. Por nuestra posición geográfica, El Salvador no se ve directamente afectado salvo algunos venezolanos que podemos ver en las calles de San Salvador y otras ciudades.
No se trata ya solo del fenómeno de los centroamericanos que cruzan el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos, no, se trata de cientos de miles de sudamericanos -especialmente venezolanos y ecuatorianos- además de haitianos y extracontinentales: Desde africanos que huyen de sus duras realidades hasta chinos que huyen de las férreas políticas postcovid y la crisis económica de su país.
Pero lo peor es que esta ola migratoria es insostenible para los países centroamericanos, que no tienen la capacidad de brindar atención a los cerca de 400 mil migrantes que han cruzado este año. La ayuda internacional que llega es mínima y la solución de las crisis política en países como Cuba, Haití Nicaragua, Ecuador o Venezuela se ve lejana, y ni qué decir de los africanos.
Ojalá que esa cumbre encuentre el camino para solucionar la crisis y estimular al apoyo de la comunidad internacional en ese sentido.