El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, convocó esta semana a una cumbre con una docena de naciones afectadas por la migración irregular -ya sea como origen o como países tránsito- en la que esperan encontrar soluciones. El Salvador está incluido en la convocatoria mexicana.

Lo cierto es que después de la pandemia, la región está abrumada por una ola migratoria que empieza en la Selva del Darién -entre Panamá y Colombia- sigue por Costa Rica y Nicaragua, cruza Honduras y Guatemala y luego se acumula en México. Por nuestra posición geográfica, El Salvador no se ve directamente afectado salvo algunos venezolanos que podemos ver en las calles de San Salvador y otras ciudades.

No se trata ya solo del fenómeno de los centroamericanos que cruzan el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos, no, se trata de cientos de miles de sudamericanos -especialmente venezolanos y ecuatorianos- además de haitianos y extracontinentales: Desde africanos que huyen de sus duras realidades hasta chinos que huyen de las férreas políticas postcovid y la crisis económica de su país.

Pero lo peor es que esta ola migratoria es insostenible para los países centroamericanos, que no tienen la capacidad de brindar atención a los cerca de 400 mil migrantes que han cruzado este año. La ayuda internacional que llega es mínima y la solución de las crisis política en países como Cuba, Haití Nicaragua, Ecuador o Venezuela se ve lejana, y ni qué decir de los africanos.

Ojalá que esa cumbre encuentre el camino para solucionar la crisis y estimular al apoyo de la comunidad internacional en ese sentido.