Editorial & Opinion

La toma de decisiones en política pública

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

lunes 11, mayo 2020 - 12:00 am

El nuevo coronavirus tiene un impacto muy fuerte en la situación económica. social y política del país. La toma de decisiones de política pública para enfrentar la pandemia, si no es certera, agudiza los problemas del país, que nos agobiaban antes del momento actual.

En el diseño de la política pública, la toma de decisiones supone conocimiento de la realidad nacional, tomar en cuenta la opinión de especialistas y decretar con base a evidencia, solo así se pueden concretar iniciativas políticamente viables y técnicamente eficientes.

Hoy en día en el mundo, dos estrategias se plantean en política pública para enfrentar la pandemia.  Una con medidas estrictas de emergencia para “aplanar la curva” y otra que se inclina por mantener con normalidad las actividades económicas, buscando un contagio amplio para alcanzar la inmunidad grupal.

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No se puede optar por una opción en detrimento de la otra, pensando que no se tendrán costos. Por cualquier opción por la que se incline un tomador de decisiones pagará un costo.

La primera busca que disminuyan los contagios, aspira a salvar más vidas, al suspender las actividades habituales, pero estrangula la economía; tiene un importante costo. La segunda, en cambio, afecta menos los negocios, pero causa más víctimas, más contagios y mayor número de fallecidos. En una valoración costo-beneficio sobre cuál opción tomar es indispensable la flexibilidad, contar con la participación de especialistas y decidir en base a evidencia.


Son más de 50 días de cuarentena domiciliar obligatoria, las medidas cada vez son más estrictas. La verdadera realidad es que en las actuales circunstancias debemos invocar a la santísima trinidad: La Salud, la economía y el Estado de Derecho. Hoy toca al mismo tiempo resolver los tres aspectos. No se vale el pretexto que cuidar la salud y la vida de las personas al estrangular la economía, ni mucho menos terminar con la democracia y el Estado de Derecho.

En esta coyuntura, la educación también importa. Son 1,145,580 estudiantes, que están en su casa desde el 12 de marzo que se cerraron los centros escolares. La salud mental de los estudiantes es lo primero que se debe atender. La depresión y ansiedad producto de la cuarentena ya están presentes, no todas las personas pueden administrar bien el confinamiento. En estos momentos, los adolescentes son una población que cada vez más se está volviendo vulnerable. Hay que atenderlos, están inquietos, irritables, con trastornos de sueño.

A estas alturas ya es tiempo de preguntarnos si se ¿está impulsando una educación que promueva el pensamiento crítico, les ayude a los estudiantes a entender lo que pasa y, a través de esto, se eduque a los niños y jóvenes del país para la transformación positiva de la sociedad en el postcovid? ¿Ya se tiene un plan de regreso a las escuelas?

Está claro que, de acuerdo a cómo evoluciona la pandemia, el regreso obviamente tendrá que ser progresivo y debe contemplar primero la desinfección de los centros escolares. Segundo, el regreso del director y docentes, y luego los estudiantes que enfrentarán el desarrollo de un modelo escolar mixto ‘online’ y presencial que combine educación presencial con educación a distancia.

Un análisis coyuntural no estaría completo si no se plantea la situación de las personas mayores de 60 años que ahora son endilgados con el título de “los de más riesgo”. Nos tratan de manera incorrecta. Deberían de consultarnos qué hacer, tenemos sabiduría, experiencia, sentido común, somos los que hemos producido todo lo que los jóvenes tienen. No se equivoquen, jóvenes, a nuestra edad tenemos mucho para enseñar y ustedes mucho que aprender.

Ser mayor no es una plaga. Es un derecho que nos ganamos con trabajo y el respeto de muchas personas ajenas y aún con más admiración hacia nosotros que ustedes, los que hoy nos quieren tirar al cesto de la ropa sucia. ¡ No nos pidan a nosotros que renunciemos! No, no nos vamos hacer a un lado. No somos jeringas descartables.

Somos la generación que sostiene a los que vienen, sin que les haya costado nada. Hemos superado guerras, terremotos, huracanes y muchas tragedias. No vamos a morir por el COVID-19.

Falta mucho camino por recorrer, los escenarios optimistas plantean que el pico de contagios lo alcanzaremos entre el 11 de mayo y el 11 de junio. Es del caso, entonces, que se actúe con prudencia, sensatez, para encontrar juntos el camino que nos lleve a tener el país que todos merecemos.





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