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La capital salvadoreña pierde un promedio de $70,000 diarios de su economía debido al tiempo que se pierde en el tráfico vehicular, señala el estudio “Congestión urbana en América Latina y el Caribe: características, costos y mitigación”, elaborado por la División de Transporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El documento presenta el primer análisis exhaustivo para la región acerca de las características y costos de la congestión urbana, con resultados para las ciudades de Bogotá (Colombia), Buenos Aires (Argentina), Ciudad de México (México), Lima (Perú), Montevideo (Uruguay), Río de Janeiro (Brasil), San Salvador (El Salvador), Santiago (Chile), Santo Domingo (República Dominicana) y Sao Paulo (Brasil).

La ciudad centroamericana presentó el menor costo de la congestión, sumando $25 millones, que representa el 0.6% de su economía.

“En parte, debido a que San Salvador registra el menor valor del tiempo entre las ciudades analizadas, el costo de la congestión per cápita fue de solo $23 por persona y el costo por viajero ascendió a $57”, dice el estudio.

San Salvador obtuvo la menor demora agregada entre las ciudades analizadas, con casi 37 millones de horas en total para el 2019, que fue el año analizado.

“Sin embargo, si consideramos el tamaño de la población urbana, la congestión ascendió a 33 horas por persona”, agrega el estudio. Ubicando a la ciudad en la tercera posición de diez. Asimismo, cada viajero perdió 83 horas.

En 2019, cada viajero en Bogotá perdió en el tráfico el equivalente al 9% del tiempo trabajado; y en San Salvador, la ciudad con el mayor número de horas trabajadas promedio, se ubicó en la quinta posición con casi el 4% de horas perdidas.

Los mayores niveles de congestión se concentran en el sector centro-oriental, que incluyen el bulevar del Ejército, la Alameda Roosevelt y la Alameda Manuel Enrique Araujo.

La mayor proporción se concentró en el último trimestre del año, intensificándose en el último mes. Es así como solo la tercera semana de diciembre contabilizó el 3.2% del total de la congestión.

 

Retoma datos de App Waze


Para el cálculo de la demora, se utilizó la información provista por Waze para las diez ciudades de América Latina mencionadas, que incluyen localización y velocidad de los embotellamientos y velocidad de flujo libre para cada segmento embotellado para el año 2019.

Las ciudades con mayores demoras entre las diez analizadas son las que poseen la mayor cantidad de habitantes: Sao Paulo, con 21.8 millones de habitantes y 700 millones de horas perdidas en 2019; y Ciudad de México, con 21.6 millones de habitantes y 650 millones de horas perdidas. Por su parte, San Salvador, con 1.1 millones, alcanzó 37 millones de horas en 2019.

Pero al estimar la demora por habitante y viajero, el posicionamiento de las ciudades cambia significativamente. Así, en 2019 los habitantes de Montevideo perdieron un 51% más de tiempo en congestión que los habitantes de Ciudad de México.

Lo mismo ocurre con San Salvador, donde sus habitantes perdieron 33 horas parados en el tráfico en 2019, por encima de grandes ciudades como Bogotá, con 31 horas; Río de Janeiro, con 25 horas y Buenos Aires, con 20 horas.

 

Reducción de accidentes


Los hallazgos sugieren si la demora agregada en un día laboral promedio se redujera un 10%, los incidentes de tráfico disminuirían 5% en Sao Paulo y en Ciudad de México; 3% en Lima; 2% en Río de Janeiro, Bogotá, Buenos Aires y Santiago; 1% en Santo Domingo; 0.4% en Montevideo; y 0.3% en San El Salvador.

En promedio, con menos tráfico los siniestros viales reducirían en un promedio de 3.5% para la región, que equivale a 73,000 incidentes menos.

 

Diseño de políticas públicas


El estudio señala que el diseño de políticas públicas efectivas será clave para avanzar hacia una movilidad más eficiente y sostenible las ciudades analizadas.

Algunas soluciones sugeridas tienen que ver con instrumentos de gestión de tráfico, políticas que restringen el uso del vehículo particular, políticas que promueven el uso del transporte público, el transporte activo y el transporte compartido; y planificación integrada de la movilidad y el uso del suelo.