Nayda Medrano, especialista en políticas públicas y derechos humanos, cree que la tensión mediática entre El Salvador y Estados Unidos sí puede implicar una ruptura en realidad, pero cree que hay conciencia de que no sería conveniente.

Política

“Hay un gran vacío de debate, de propuestas de país” Nayda Medrano advierte que la falta de cambios estructurales junto a medidas de control como la Ley de Agentes Extranjeros provoca un TNT potencial.

Yolanda Magaña

lunes 22, noviembre 2021 • 5:00 am

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Nayda Medrano, especialista en políticas públicas y derechos humanos, cree que la tensión mediática entre El Salvador y Estados Unidos sí puede implicar una ruptura en realidad, pero cree que hay conciencia de que no sería conveniente.

En medio de un discurso oficial a favor de la “soberanía nacional” y contra la “injerencia extranjera”, así como también dentro de las manifestaciones sociales contra el gobierno salvadoreño, la politóloga ve la falta de propuestas y de debate real para resolver los problemas de El Salvador.

“Pienso que hay un gran vacío de debate conceptual, un gran vacío de propuestas de país y hay un predominante enfoque hacia una figura que a mi criterio no es más que la cabeza visible de un circuito de poder”, expresa.

No tiene duda que la Ley de Agentes Extranjeros es un mecanismo de control contra las disidencias y sugiere que deberían ser parte de un debate nacional y tener definiciones claras. Ese tipo de medidas, sin cambios estructurales, son un TNT, advierte.

 

Hace unos días usted decía que habría que distinguir entre el escenario real y el mediático en las relaciones con Estados Unidos. ¿Qué tanto lo que está pasando es un escenario real?


Las tensiones en el escenario mediático pueden tener un ejercicio de tensión lo suficientemente potente como para que en el escenario real ya no haya posibilidad de diálogo. Con lo que nos encontramos es con un ejercicio de narrativa de poder, puesta de ambos espacios, cuando por ejemplo leemos tuits de funcionarios retando o señalando a la encargada de negocios de la Embajada de Estados Unidos en El Salvador, es una narrativa que coloca la tensión del poder en función de ganar terreno y que se vea ante la opinión pública un posicionamiento contundente.

Es curioso el ejercicio de la Ley de Agentes Extranjeros cuando mucho del ejercicio de diálogo pasa incluso por agentes extranjeros no oficiales, es decir, un ala empresarial que tiene un peso importante en Estados Unidos y que no necesariamente está en el poder formal, todo aquel circuito de representación de intereses vinculados al gran empresario Donald Trump, llama poderosamente la Ley de Agentes Extranjeros aplicable a un segmento pero no a la totalidad en la intromisión en asuntos soberanos.

Pienso que, si bien es cierto hay un ejercicio de narrativa que genera tensión, si logran romper el proceso de diálogo formal, que no necesariamente está vinculado con las expresiones en redes sociales, sí puede generar un ejercicio contundente de medidas de Estados Unidos para El Salvador.

 

¿Qué tan clave es para El Salvador tener una buena relación con Estados Unidos?

Definamos “buena relación”. Una buena relación debería considerarse dentro de una lógica de un marco de respeto, pasa por reconocer las asimetrías, por reconocer cuál es el papel de cada uno, por saber poner límites sanos.

Tenemos ese hábito de etiquetar bueno o malo, sin embargo, hay muchos elementos alrededor de estas etiquetas. Lo que algunos consideren buena relación puede vincular una aceptación total a los mandatos específicos en su poder formal, vinculado con instituciones formales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario. Lo que otro sector de la población pueda reconocer como una buena relación va a ser como un ejercicio en el que exista una soberanía respetada en donde haya momentos de distensión, pero con una capacidad de dialogar, definir intereses.

¿Qué es una buena relación y qué no lo es? Ahí es donde tendríamos que participar como ciudadanía reconociendo qué comprendemos como una buena relación, podríamos decir que es decirle que sí a todo a Estados Unidos, pero también puede existir el caso de decir que una buena relación es poner límites que no necesariamente son sanos, que no necesariamente lleven a un fortalecimiento de la relación. En la actualidad, hay una narrativa que tiene el poder en tensión, sin embargo, en el mundo real vamos a ver qué tanto conviene a los intereses de ambos países una ruptura de esa naturaleza. Pienso que ambos están conscientes de que no conviene una ruptura de mediano plazo de manera muy abrupta.

 

Las condiciones de la ayuda de Estados Unidos según leyes estadounidenses son transparencia, independencia judicial, crecimiento económico, están puestas en la ley del presupuesto de Estados Unidos. Cuando el Gobierno nos habla de independizarse de Estados Unidos, ¿está hablando de independizarse de esas condiciones?

No necesariamente. Depende de con qué termómetro midas, puedes abocarte a un discurso de soberanía que no necesariamente esté significando la soberanía como tal, el problema tiene que ver no con que otros países, sea Estados Unidos, Rusia o China, que generan mecanismos de cooperación norte-sur, supediten su apoyo a poder avanzar con determinados elementos, porque el avanzar en esos determinados elementos sí debería ser un debate soberano de este país y esto es lo que no está sucediendo.

Entonces, tenemos un discurso del oficialismo que señala a un gobierno de quererse entrometer en los problemas nacionales, pero a nivel nacional tampoco estamos elevando el debate, tampoco estamos teniendo un ejercicio franco de la resolución de los problemas estructurales, de la poca transparencia, de la corrupción, del ejercicio de poder y de cooptación del Estado a través de circuitos empresariales, etcétera. Estamos al fin y al cabo a merced de un grupo pequeño que tiene un control específico, pero que no necesariamente está rompiendo el canon, simplemente está alejando aquellos con posibilidad de poder señalar o condicionar sus ejercicios de cooperación pero internamente seguimos con el vacío.

 

¿Qué opina de la Ley de Agentes Extranjeros?

Me da mucha risa porque la Ley de Agentes Extranjeros se contrae como RAE (que también es la Real Academia de la Lengua Española), yo creo que la RAE es la que hay que leer. Hay un artículo bien particular, el artículo 9 dice realizar actividades vinculadas con política, pero es que el ser humano hace política todos los días. Hacer política implica generar un mecanismo de contradicciones que nos lleve a una síntesis... en regímenes democráticos, que es lo que El Salvador ha optado, porque, si no es lo que optamos, entonces, hay que poner lo que somos. El hacer política implica todo el ejercicio que este partido devenido de todo el malestar de la población está haciendo ahora mismo. Si hay alguna organización vinculada con este ejercicio de este actor, Nuevas Ideas, recibe fondos extranjeros es tan susceptible de esa ley como cualquier otro. Es una ley muy ambigua, que va a ser aplicable “para mis contrarios”, entonces, digamos lo que es, es una ley no necesariamente para agentes extranjeros sino solo para algunos agentes extranjeros que generan política específica en un entorno de democracia que permite el ejercicio de disenso.

 

¿Y cree necesario una ley para evitar la injerencia extranjera en El Salvador?

No se puede limitar la injerencia extranjera alrededor de una ley solo alrededor de un ejercicio, eso es imposible. Pienso que esta es una herramienta que quiere colocar en el centro de la atención a “enemigos” nacionales financiados por internacionales y que definitivamente nos hace dejar de ver los problemas más fuertes y estructurales del país. Eso no significa que no tenga la importancia, que puede ser utilizada como una herramienta de restricción de libertades y derechos, derecho a participación, derecho a opinión, derecho a asociación. Está establecido en el artículo 12 que puede haber una infracción de 2 a 5 años (de prisión), si le sumas el 40 % sobre la financiación extranjera, el posible cierre de organizaciones, son enunciados muy dedicados y muy específicos. Esto, además de generar una reacción en cadena de muchas organizaciones que, por la gran ausencia el Estado, han tenido un ejercicio continuado de política -porque hacemos política las organizaciones, eso hay que dejar de satanizarlo, no es política partidaria-, es muy importante dejar colocado que este tipo de leyes deberían pasar, uno, por un debate nacional, dos, por una construcción diversa que permita colocar la intención de las palabras utilizadas.

 

¿Podría afectar a las organizaciones humanitarias, partiendo de que si bien está excluida del impuesto no las inhibe de hacer actividades con fines políticos o arriesguen la estabilidad?

Esa es la ambigüedad... Si a eso le sumamos que subvierten el orden público, la seguridad nacional o la soberanía (prohibiciones en Ley de Agentes Extranjeros), también debería tener elementos que expliquen a qué se refieren con estos tres elementos: ¿cómo subvierten el orden público?, ¿cómo está amenazando la seguridad nacional?, ¿a la soberanía?, si no tenemos bien definido eso, no es más que una ley que no abona a un ejercicio de construcción paulatina de democracia, por un lado, y por otro, rompe la lógica de funcionamiento de un régimen democrático en el cual la existencia de la oposición es tan importante como la del oficialismo.

Este ejercicio de contrapunteo es fundamental en cualquier política. ¿Qué es lo que nos pasa en América Latina? Nos sucede que el ejercicio de poder es todo o nada, los ejercicios de dictaduras militares fueron el reflejo de arrasar con absolutamente todo lo que pudiera significar algo contrario a ese proyecto de acumulación de capital, de utilización de recursos del continente y de un ejercicio de inclusión de una sociedad profundamente excluyente. Cuando entra la tercera ola de democratización en América Latina, nos encontramos con un panorama que permite por lo menos un ejercicio de elecciones libres, aunque muchos de los vicios autoritarios siguen cruzados. Entonces, el ejercicio de política sigue siendo la mezcla de optar por un enfoque de Estado o por otro.

El elemento interesante de El Salvador en este momento es que el enfoque no está en discusión, el enfoque prácticamente es el mismo de las lógicas de construcción de sociedades neoliberales, la única diferencia son los actores que lo gestionan, quienes ahora sí se están disputando esa cancha de poder. Entonces, este es el gran problema de América Latina, somos una especie de cohete de mecha corta porque todas las fuerzas en algún momento son contrarias entre sí, fuerzas vinculadas más con temas de medio ambiente, desde el regir de la institucionalidad pública, con un reconocimiento irrestricto de derechos humanos, de la búsqueda de la igualdad, de la equidad, versus aquel gran enfoque vinculado con los intereses capitales. Lo único que ha cambiado a lo largo de la historia son los representantes de los intereses capitales.

 

El gobierno frenó el proyecto de Ley de Agentes Extranjeros ante una presión de la cooperación internacional. ¿Qué debería hacer el Gobierno?

La ley es una herramienta de control que no solo busca gravar aquellos fondos que le van a servir a esta gran crisis fiscal, sino controlar a aquellos grupos que han tenido un papel protagónico en la actividad política así comprendida en la construcción de regímenes políticos.

Cada vez que generen mecanismos de control más potentes (como la Ley de Agentes Extranjeros) y que a la par no generen mecanismos de transformación de los problemas estructurales del país, entonces, vamos a tener una mezcla que va a ser un TNT potente, muy fuerte. Pienso que lo que debería hacer es retirar la ley. Aunque ahorita está en pausa, existen varias leyes de esta naturaleza en varios países, varias vinculadas a ejercicios de control en mayor o menor tenor, la de Nicaragua, que tiene un tenor similar a la de El Salvador; la de Rusia, que es un mecanismo de control, y van a utilizar estas herramientas en la medida que tengan ese poder acumulado respaldado por otros actores que tienen intereses comunes.

 

¿Cómo definiría el movimiento social en el país a partir de las marchas que hubo el 15 de septiembre y el 17 de octubre, en las que participaron opositores, organizaciones y ciudadanos?

Un movimiento social por excelencia, en efecto, es la expresión ciudadana agrupada por un interés común sin necesidad de liderazgos visibles. Hay una frase bastante potente que tiene que ver cuál es la ruta, parecería que el objetivo es sacar al mandatario actual; sin embargo, al ser esto un elemento cohesionador junto con el tema del bitcoin, logramos ver las agendas de cada uno de los espacios participantes (feminicidios, desapariciones, agua, incremento de precios de alimentos), ahí vas sumando agendas individuales con el elemento común. Entonces, hay una mezcla, aún un tanto difusa.

 

¿Qué tanto Arena y FMLN manejan este tipo de protestas?

El punto no es que lo hagan directamente, sino cuáles son las relaciones entre unos y otros, por una parte. Por otra parte, monseñor Romero hablaba de la denuncia y del anuncio. El gran ausente en esto es el anuncio porque son agendas tan distintas que aún no hay colocado un anuncio. Hay un ejercicio de conciencia de no querer a este presidente, punto. A mí criterio no hay una propuesta específica vinculada con ofertas programáticas que lleven a un ejercicio de sociedades más incluyentes, sino mantiene el ejercicio excluyente de un sistema plagado de vicios que nos ha tenido patinando, siempre con un circuito del manejo del poder con grupos específicos.

Ahora que empiezan a confluir todas estas diferencias, van a salir a la luz muchas diferencias entre ellas, de hecho hay toda una teoría sobre la poca posibilidad de la coexistencia entre las izquierdas porque la lectura de Estado es diferente.

Pienso que hay un gran vacío de debate conceptual, un gran vacío de propuestas de país y hay un predominante enfoque hacia una figura que a mi criterio no es más que la cabeza visible de un circuito de poder que lo ha venido alimentando desde hace por lo menos una década, es la gestación de una nueva derecha muy clara de su propósito versus un Estado en crisis con sus actores anteriores y coloca en el ejercicio de la política estas zonas grises que ahorita nos asisten.

Una opinión muy personal, no tengo ningún lío en asumirlo y decirlo, yo no quiero regresar al Estado anterior al que ha llevado al país actualmente Bukele, no me interesa llegar a un ejercicio de Estado similar a la relación existente entre los partidos políticos dominantes y este ejercicio de repartición de la institucionalidad pública que no logró robustecerse lo suficiente, no quiero ir ahí. No. He trabajado desde que soy adolescente en las temáticas, he sido de la generación que le ha apostado por que eso funcione todos estos años y a mí criterio tuve un tope, tuvo un límite vinculado con las alianzas relacionadas en un ejercicio de gobernanza que no tuvo una lectura contextual suficiente para romper.

Pero tampoco comparto lo actual, no comparto un ejercicio desmedido del poder para concentrar nuevas redes empresariales, no comparto una construcción de Estado desde la percepción autoritaria, no solo de una persona, sino de una élite y de una sociedad que aplauda y que sea el espejo de esa construcción. No. Yo soy de esta generación de hijas o hijos, que sus papás, muchos entregaron sus vidas en ese periodo de guerra con esa construcción utópica de sociedades más justas socialmente hablando, sociedades más inclusivas y que al fin y al cabo es la gran deuda a estas alturas. No me interesa rescatar, me interesan las lecciones, eso sí para no regresar a ese Estado pero tampoco permitir de buena y viva fe lo que está sucediendo actualmente.

 

El perfil

Nayda Medrano / Consultora

Cargo: consultora en políticas públicas y derechos humanos.

Estudios: Maestría en Relaciones Internacionales, Atlantic International University y Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Licenciatura en Estudios Legales con especialidad en derechos humanos.

Experiencia: Fue directora del programa de derecho humano a la alimentación de la FAO, exdirectora del CDC y asociación Probúsqueda.